Petra, el desierto de Wadi Rum, el Mar Muerto

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PetraLos nabateos, antiguos habitantes de Jordania desde el siglo II a.C., eran un pueblo próspero e influyente debido al dominio que ejercían sobre las rutas comerciales por las que circulaban las caravanas transportando incienso y sándalo, especias, seda y marfil. Alto era el peaje que se tributaba al cruzar sus tierras, proporcional al hospedaje y protección que recibían los agotados comerciantes.

El reinado se extendía desde Damasco hasta el Sinaí e incluía gran parte de Arabia. Totalmente abiertos ante las diferentes culturas que transitaban por el territorio, a veces luchando guerras y en otras oportunidades recurriendo a la diplomacia, lograron sobrevivir aún al poderoso Imperio Romano en el año II, cuando fueron anexados a la ciudad imperial. Petra y la civilización nabatea continuaron floreciendo hasta que los productos circulantes dejaron de tener interés económico y los barcos reemplazaron al transporte en caravana, entonces poco a poco las tierras fueron abandonadas y las ruinas cubrieron la otrora pujante civilización.

Petra, capital del reino nabateo, constituye un tesoro arqueológico sin igual y la joya turística de Jordania. Descubierta por el viajero suizo Johann Ludwig Burckhards en el año 1812, el desfiladero se va abriendo paso en una garganta estrecha de 80 metros de altura con extrañas formaciones geológicas y rocas de colores, cuevas cavadas que constituían las viviendas y nichos donde se rendía tributo a las divinidades. Y de pronto se despliega en todo su esplendor Al-Khazneh, el Tesoro donde transcurrieron las aventuras de Indiana Jones, que se extiende 30 metros de ancho a lo largo de 43 metros de alto, un colosal templo que originariamente fuera la tumba de un rey tallado en piedra rosada.

Más allá de la descomunal atracción que despliega Al-Khazneh, hay un segundo edificio conocido como Ad-Deir o El Monasterio, que requiere para ser contemplado  recorrer más de 800 escalones tallados en la roca hacia lo alto. Las vistas a medida que se gana altura y los puestos de venta de recuerdos atendidos por beduinos van matizando la subida; al arribar a la cima el templo al que se ascendía en procesión se despliega en toda su belleza. Y cansados pero felices nos sentamos en el bar instalado justo enfrente a beber una limonada con menta, mientras contemplamos la formidable arquitectura tallada por los nabateos 2.000 años atrás.

Wadi Rum

Wadi RumEl valle desértico llamado Wadi Rum o Valle de la Luna fue habitado antiguamente por los nabateos y hoy constituye el hogar de los beduinos, gente hospitalaria que mantiene sus costumbres ancestrales y conoce como nadie el idioma del desierto de arena y roca que constituye su hogar. Al desierto iban los antiguos maestros a iniciarse, a emprender el camino que los conectaría con el interior de sí mismos antes de retornar imbuídos de sabiduría. El desierto es luz y silencio, oscuridad y misterio, y hacia allí nos dirigimos para recalar en Sun City Camp.

Nos alojamos en una tienda cómoda y colorida con baño privado y comienza nuestra aventura en esta geografía casi irreal. Hay piedras con petroglifos antiquísimos, comercios montados en carpas por los beduinos y, como corresponde al entorno natural del desierto, dunas entre las que se encuentra aquella en la que se filmó la película El marciano que procedo a trepar con determinación pese al esfuerzo que conlleva.

El salón comedor del campamento desborda de alfombras y colores, la comida es sana y riquísima y la amabilidad un sello distintivo. Ante la llegada de un contingente de jóvenes árabes Mohamed nos comunica que van a trasladarnos a las suites para que el ruido no turbe la paz, entonces nos mudan a los cuatro a dos magníficas estancias con enormes camas mullidas ubicadas, literalmente, al borde del desierto.

La tarde transcurre sin prisa y, ante la proximidad de la puesta del sol, Mohamed nos pregunta de qué manera queremos trasladarnos al desierto profundo a contemplar ese momento sagrado. e insisto para que sea en camello. Así que los cuatro emprendemos una marcha silenciosa entre dunas y piedras acompañados de un beduino que no necesita de palos ni látigos para entenderse con los animales: con los sonidos que emite su boca es suficiente. Y atesoro el momento en que nos sentamos sin decir palabra ante el sol rojo que se despide, hasta que el paso lento de los camellos nos devuelve a nuestro hogar en el desierto.

El Mar Muerto

Mar MuertoEl último día en Jordania trancurre en el Dead Sea Spa, un enorme complejo situado a orillas del Mar Muerto para reponer fuerzas antes del regreso a la vida real. El hotel es también un centro de revitalización y tratamiento, donde se comercializan productos que prometen contener las propiedades minerales de este increíble lago salado.

Al bajar por los senderos que conducen a la playa se advierte el descenso que han sufrido las aguas en los últimos quince años: las represas de Israel y Jordania han mermado el flujo del río Jordán que alimenta al Mar Muerto, ya que la precipitación es escasa y las otras fuentes menores no compensan el aporte restado. Recuerdo la aseveración de Mohamed al respecto en cuanto a que hay proyectos para evitar que continúe el descenso de las aguas y espero que así sea, que se tomen medidas para que no desaparezca este singular enclave natural.

Calcio, magnesio y potasio son algunos de los minerales que enriquecen al Mar Muerto y el lodo se emplea como máscara natural para el cuerpo. El tratamiento es sencillo: flotar unos 20 minutos en el agua tibia, secarse al aire, untarse con lodo hasta sentirlo seco sobre el cuerpo y sumergirse nuevamente hasta que se disuelva, procurando que el agua salada no ingrese en los ojos. Se puede repetir una y otra vez teniendo en cuenta que hay que beber agua para evitar la deshidratación; mis labios se pelaron producto del tiempo que pasé flotando sin esfuerzo.

Madrid nos espera nuevamente, una breve escala antes de retornar sola a casa ya que Juan pasará unos días con su familia en Barcelona. Me despido con alegría de tantos sitios inolvidables que he tenido el privilegio de conocer aunque en algunos casos presiento que he regresado, que en algún momento del transcurrir por el universo mi alma ha habitado ciertos lugares increíbles que he reconocido como familiares.

En Ammán, el monte Nebo, la iglesia de San Jorge

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Castillo de AjlunLos retratos del fallecido Hussein, Abdullah II y el joven príncipe heredero se reiteran una y otra vez en oficinas públicas y espacios privados de Ammán. A poco de arribar a la pulcra capital jordana se advierte el afecto incondicional que sus ciudadanos tributan a la familia real hachemita, que gobierna el país desde su creación en el año 1946. Jordania es una monarquía constitucional hereditaria en la que el rey es el primer soldado; la formación militar y el compromiso polìtico de la casa real le ha ganado el prestigio del que goza, adunado al matrimonio de Abdullah con la atractiva Rania, omnipresente como su antecesora Noor en el corazón de los jordanos.

Ammán es una ciudad ordenada y moderna, de un uniforme color blanco tiza ya que por decreto todas las edificaciones deben erigirse en piedra o mármol, que alterna lugares históricos como la Ciudadela, el colorido zoco tradicional de los países árabes y una zona donde la riqueza se despliega sin estridencia, al ritmo de los automóviles de lujo y las mansiones ostensiblemente vigiladas. Nos alojamos en el hotel Days Inn y a la hora de la cena un contingente de comensales hindúes alborotan el salón comedor, entre los que sobresalen las vestimentas coloridas de las mujeres y el bindi que algunas lucen sobre el sexto chackra.

Al otro día emprendemos nuevas vivencias por este lado del mundo en compañía de Mohamed, que será nuestro guía en todo el periplo, y otras personas entre las que se encuentran Claudia y Oscar, una pareja de Buenos Aires de quienes nos hacemos inseparables en el curso del viaje. Nos dirigimos con los sentidos en alerta para no perder detalle hacia el castillo de Ajlun, una enorme fortaleza construída a instancias de Saladino para proteger el territorio de la presencia de los cruzados.

La ubicación privilegiada y la solidez de los muros motivaron que los sucesivos gobernantes lo mantuvieran como centro administrativo y defensivo; los invasores mongoles dañaron la estructura que fue restaurada por los mamelucos y hoy constituye un exponente de la estrategia militar árabe, además de un sitio donde se obtienen magníficas fotografías panorámicas del valle del Jordán.

La Ciudadela guarda ruinas romanas que sorprenden por su extensión y conservación; Mohamed hace referencia a la falta de difusión turística del complejo pese a su atractivo. Las columnas del templo de Hércules aún están en pie y datan del siglo II. En la cima se encuentran la Mezquita Omeya, con una magnífica cúpula de bronce restaurada. y el Museo Arqueológico de Jordania.

El monte Nebo

Monte NeboLos restos mortales del mismísimo Moisés se encontrarían en algún lugar de este monte situado en las proximidades de Mádaba, según lo consignado en el libro del Deuteronomio. Desde aquí habría divisado la Tierra Prometida, aunque lo cierto es que no se ha encontrado vestigio alguno del profeta hebreo al que los cristianos del lugar dedicaron un santuario, cuya referencia se debe al diario de viaje de dos peregrinos del siglo IV.

El sitio reviste carácter sacro para las tres grandes religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e islamismo confluyen aquí al igual que en Jerusalén, dotando al terreno de un aura sagrada que contagia al visitante: desde la cruz de bronce con la serpiente circundante que se encuentra en el exterior hasta el mirador en el que la vista se pierde sobre Tierra Santa y el mar Muerto, el valle del Jordán y el lago Tiberíades. Una placa de cemento señala con sendas flechas la distancia a las localidades de Jericó, Qumrán, Belén…

La entrada incluye el ingreso al pequeño museo, en el que se pueden observar fragmentos de piedras coloreadas de iglesias de los siglos VI y VII que reproducen escenas alegóricas de personas y animales. La región es conocida por la calidad artesanal de los mosaicos bizantinos y omeyas y la obra cumbre al respecto aguarda en la iglesia de San Jorge, próximo objetivo de nuestro periplo.

La iglesia de San Jorge

Iglesia de San JorgeUn mapa mosaico de Jerusalén y Tierra Santa que data del siglo VI reviste el suelo de la iglesia ortodoxa griega de San Jorge, erigida en la ciudad de Mádaba en 1896 sobre los restos de un templo bizantino. Se calcula que el espectacular diseño topográfico compuesto por cerca de 2.000.000 de mosaicos de colores cuadriplicaba en tamaño al que ha perdurado hasta la fecha.

Es difícil describir la admiración que produce contemplar semejante obra de arte, que reproduce lugares bíblicos como Jericó, el río Jordán con los peces deslizándose en el agua, el mar Muerto y las murallas de ciudades como Jerusalén, donde se vislumbran claramente la puerta de Damasco y la iglesia del Santo Sepulcro entre otros detalles exquisitamente plasmados.

El interior de la iglesia también sorprende al visitante por la profusión de imágenes de colores, las lámparas de bronce talladas y la expresividad de las pinturas, en las que se puede ver a Cristo formando un mudra con su mano. Me detengo unos instantes para admirar el conjunto bajo la luz que ingresa por las ventanas, hasta que Mohamed me devuelve a la realidad: es hora de dirigimos a un taller de artesanías en mosaico, punto culminante de nuestra jornada.

Pirámides, esfinges, Alejandría

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PirámidesArribamos nuevamente a El Cairo muy temprano por la mañana prestos a sumergirnos en el misterio de las pirámides de Giza, únicas maravillas del mundo antiguo que aún se mantienen en pie. Sin perjuicio de las multitudes, los exacerbados controles y el enjambre de vendedores ambulantes que constituyen una verdadera legión, el influjo misterioso de los monumentos que conforman la necrópolis resulta evidente.

Nada menos que 45 siglos ha cumplido la Gran Pirámide, construída con 2,3 millones de bloques de piedra como templo mortuorio del faraón Jufu, cuyo nombre en griego era Keops. El revestimiento calizo que la recubría en toda su dimensión se desmoronó en uno de los terremotos que asolaron El Cairo durante el siglo XIV. Si bien no hay certeza absoluta respecto de las técnicas utilizadas para su construcción, parece que se habrían empleado aparatos conformados por maderos cortos para subir las piedras paso a paso, en un proceso que según el historiador Heródoto habría demandado 20 años.

La segunda pirámide fue construída por Kefrén, hijo de Jufu, y el hijo de éste, Micerino, también erigió su propio monumento triangular, aunque en este caso la altura es considerablemente menor ya que alcanza unos 70 metros. A pasos de la Gran Pirámide se encuentran tres construcciones más pequeñas destinadas a las esposas del faraón, que se han deteriorado notablemente con el devenir del tiempo y las contingencias climáticas.

Para contemplar la pirámide escalonada, obra del arquitecto Imhotep destinada al faraón Zóser, es necesario trasladarse hasta Saqqara. La pericia y originalidad de Imhotep trocaron el tradicional sepulcro egipcio de adobe llamado mastaba por bloques de piedra escalonados que dieron lugar a la primera construcción piramidal, prototipo de las que luego devinieron en maravillas del mundo hasta la fecha.

Esfinges

Esfinge de MenfisAl este de la pirámide de Kefrén se encuentra la Gran Esfinge conocida como Abu ´l Hol (padre del terror en árabe), aludiendo a su condición de guardiana o vigilante del lugar. Su rostro sería el del mismísimo faraón con cuerpo de león, dotado de la fuerza característica del rey de los animales.

El enorme bloque de piedra caliza en el que fue tallada impresiona con sus 20 metros de altura; más de cinco metros corresponden al rostro plácido que ha soportado impertérrito los rigores de siglos. Sheps-Anj la llamaron los egipcios antiguos en alusión a la imagen viviente que representa, que luego derivó en esfinge; difieren por sus rostros masculinos y la falta de alas de las talladas por los griegos.

En las proximidades de la necrópolis de Menfis, la primera ciudad imperial del mundo, se encuentra el museo al aire libre Mit Rahina, en el que se puede observar una colosal estatua del siempre presente Ramsés II y, en el jardín, una preciosa esfinge de alabastro que podría representar a la reina Hatshepsut, extraordinariamente conservada dado que se remonta al Imperio Nuevo, nada menos que 1700 años antes de Cristo.

Alejandría

AlejandriaFundada por Alejandro Magno en el año 331 a.C., fue una de las 33 ciudades que rememoraban con su nombre al poderoso rey de Macedonia. Dueña de una costa magnífica y luz intelectual del mundo antiguo, a la fecha se encuentra deteriorada pero conserva destellos de su antiguo esplendor.

Alejandría es una inmensa fuente de tesoros que se encuentran sepultados bajo las huellas de la civilización: un pobre burro cayó en un pozo y las catacumbas de Kum Al Shuqafa emergieron del anonimato en que se encontraban sepultadas, un intrincado cementerio romano con medusas talladas y dioses egipcios vestidos a la usanza de los legionarios.

Visitamos el Serapeum en el que dos esfinges de granito dan cuenta de la gloria del templo dedicado a Serapis. Los vestigios de la segunda biblioteca de Alejandría, que albergaba los manuscritos de Cleopatra, conforman pasillos con huecos en las paredes donde la imaginación vuela para imaginar la vida intelectual del magnífico espacio. Al retornar a la luz del sol la columna atribuída por los cruzados a Pompeyo se yergue, altísima; en realidad habría sido dedicada a Diocleciano y sostenía su efigie en lo alto.

Antes de visitar la actual biblioteca, un edificio espectacular con una espléndida colección de arte contemporáneo, recorremos el centro de la ciudad para encontrar la calle que  alberga el museo dedicado a Konstantinos Kavafis, el poeta griego autor de obras inolvidables como Ítaca. Luego de varias idas y vueltas subimos los dos pisos de escaleras y contemplo, emocionada, el sitio donde Kavafis residió los últimos treinta años de su vida.

La Corniche alejandrina conduce bordeando el Mediterráneo hasta el fuerte de Qaitbay, erigido con materiales procedentes del famoso faro construído en 279 a.C. en honor a  Ptolomeo II; el fuerte data del siglo XV y constituye un marco imponente así como un exponente de la arquitectura mameluca. Para reponer fuerzas Ahmed nos conduce a Tikka Grill, donde flanqueados por la vista del azul del mar almorzamos sin prisa: mi último pensamiento en Alejandría es para Hipatia, la notable filósofa asesinada por la barbarie patriarcal.

La nubia Asuán, el poblado mágico, la represa

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AsuánLa más sureña de las ciudades egipcias exhala un encanto difícil de describir. El río Nilo refleja la arena del Sahara y del desierto oriental, huele a exotismo soleado y la población mantiene hermosos rasgos de color café, matizados en algunos casos por extraños ojos ambarinos.

Los nubios habitaban la parte sur de Egipto y el norte de Sudán. El centro de la antigua Asuán era la isla Elefantina donde se erigía el santuario del dios Kilmun, quien tenía a su cargo el control de la crecida de las aguas del Nilo; en su pequeña superficie se encuentran las tumbas de los príncipes de la época. Hasta la costa llega el delicioso aroma de los jardines botánicos de la isla Kitchener, fundados por el general homónimo.

Desde el muelle donde atraca el crucero el hotel Old Cataract en el que se alojaba la célebre escritora Agatha Christie, resulta un marco de lujo para la ciudad. Las pequeñas barcas que transportan al viajero entre las islas se mecen con la brisa refrescante del río: son las falúas o falucas a las que nos conduce Mohamed para que avistemos el monasterio de San Simeón que data del siglo VII y el mausoleo del Aga Khan, actualmente cerrado al público.

El nubio que se encuentra a cargo de la falúa canta una canción de su tierra y me invita a bailar al son de su voz. Luego despliega cuidadosamente las artesanías que su pueblo ha elaborado desde tiempos inmemoriales y me entusiasmo adquiriendo recuerdos ante la mirada risueña de Mohamed, que nos incita al regateo. Me despido del barquero sintiendo que en otra vida he habitado entre estas islas y el río y no quiero irme, pero regresar siempre implica partir.

El poblado mágico

Pueblo NubioEntre las actividades optativas que se pueden llevar a cabo en Asuán se encuentra la visita al poblado nubio, al que se accede luego de navegar cerca de una hora en lancha mientras sopla la brisa fresca del río.

Desde la orilla un conjunto de peatones se desplazan entre los puestos de artesanías, tejidos y especias mientras circulan automóviles, caballos y dromedarios. Una hospitalaria casa nubia nos recibe en el patio fresco, circundado por las habitaciones impecables.

Degustamos té con menta, observamos a los cocodrilos enjaulados que aguardan la mayoría de edad para ser devueltos al río y contemplamos los productos que se exhiben para la venta, tradicionalmente elaborados por los nubios desde hace siglos. Mohamed me cuenta que se puede dar una vuelta en dromedario por el pueblo y acepto encantada, entonces me enseñan a mantener el torso hacia atrás mientras el cuadrúpedo se eleva sobre las patas traseras a fin de conservar el equilibrio.

Antes de partir acepto también la opción de tatuarme con henna a la manera nubia, entonces la destreza de la tatuadora dibuja una pulsera que engarza un ankh, la llave de la vida para los antiguos egipcios. Y concluyo que no hay símbolo más adecuado  para graficar estos instantes inolvidables.

La represa

RepresaLa visita a la represa de Asuán se produce entre guardias armados y la prohibición de tomar fotografías, por ende sólo se pueden graficar los planos que se encuentran al inicio de esta obra monumental, que ha dado lugar al embalse más grande del mundo: el lago Nasser, que cubre 6.000 kilómetros cuadrados.

Entre los años 1898 y 1902 se construyó la primera de las obras tendientes a domar las temidas aguas del río Nilo. Cincuenta años más tarde la segunda represa se adunó a la anterior; se erige 111 metros por sobre el nivel del mar y provee de energía eléctrica a todo el país. A raíz de esta compleja ingeniería se originó el lago Nasser, donde hoy residen los cocodrilos que antes se deslizaban por el Nilo en una población que llega a los 4.000 ejemplares.

Como toda acción humana que irrumpe en un medio natural tuvo consecuencias que no se tuvieron en cuenta sobre el ambiente y los monumentos que quedaron bajo las aguas, que con los años se fueron recuperando por acción conjunta del gobierno egipcio y las organizaciones internacionales aunque algunos fueron trasladados a otros países como el templo de Debos, que se encuentra actualmente en Madrid.

Navegando el río Nilo, Kom Ombo, el templo de Isis

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Río NiloEl Amarco I avanza sin prisa pero sin pausa por el Nilo mientras los pasajeros se dedican a tomar sol en cubierta, a sentarse bajo el toldo que protege del calor inclemente o bien a descansar a la sombra en una reposera y mirar el paisaje que se extiende a lo largo de la costa, verde y palmeras aquí cerca, desierto sahariano a lo lejos. Cuando la noche se despliega como un manto estrellado nos reunimos para contemplar el paso del barco por la esclusa de Esna mientras los osados vendedores ambulantes gritan desde las canoas ofreciendo sus productos, desplazándose con el movimiento del río que produce el barco al navegar.

Arribamos a Edfu al día siguiente para visitar el templo de Horus, que data del siglo III a. C. y es a la fecha el mejor conservado de Egipto. Las paredes talladas dan cuenta de la batalla celebrada entre Horus, hijo de Isis y Osiris, y el malvado Set, quien asesinó y cortó el cuerpo de Osiris en catorce pedazos luego unidos por el poderoso empeño de su esposa Isis. Horus, el dios halcón, fue el encargado de vengar a su padre y capturó al animal personificado por Set, al que desmembró de la misma manera venciendo así al mal en el mundo: la batalla tuvo lugar en el sitio en que se emplaza actualmente el templo.

Las paredes del soberbio edificio también dan cuenta de la fiesta anual en la que el dios se unía a su esposa Hathor así como de las celebraciones en las que se empleaban inciensos y perfumes cuyas fórmulas se inscriben en sus muros, pero sin dudas el acontecimiento más importante era el Año Nuevo, momento en que la estatua de Horus era subida al techo para que el sol le infundiera fuerza y vigor. Las tallas de las paredes semejan un libro abierto en el que el visitante puede comprender claramente el sentido de cada trazo notable.

La visita a este templo, sin embargo, resulta opacada por la desolación que se respira en las calles de Edfu: hombres curtidos y mujeres vestidas de negro de pies a cabeza transitan bajo el sol inclemente, entre calles polvorientas y rotas por las que se desplazan a paso lento. El santuario de Horus no ha logrado desbaratar la sensación de pesadumbre cuando nos marchamos.

Kom Ombo

Kom OmboDespués de navegar durante unas horas desembarcamos para visitar el fabuloso templo de Kom Ombo, situado en un recodo del Nilo que baña con sus aguas azules el edificio sagrado. Es un lugar especial no sólo por el entorno maravilloso que otorga el río, sino también porque está dedicado a dos deidades: Sobek, el dios cocodrilo, y Haroeris, dios de la medicina. Ambos eran muy importantes para sus fieles: el primero era el encargado de protegerlos contra las temidas crecidas del río en tanto que el último los curaba de sus dolencias y enfermedades.

Los creyentes consultaban a Sobek delante de un pequeño altar donde se encontraba su imagen, que en la parte interior permitía que se escondiera uno de los sacerdotes, encargado de responder las inquietudes de los fieles como si fuera el mismo dios. Los ingenuos pobladores cumplían con las indicaciones de la voz que les prometía protección a cambio de ofrendas para mantenerse a salvo de las crecidas de las aguas. También un sacerdote asumía la voz de Haroeris y a quienes consultaban por sus dolencias les indicaba el tratamiento así como les auguraba una buena convalecencia, previa entrega del tributo pertinente.

Nuestro guía Mohamed me enseña los instrumentos médicos de los que dan cuenta las paredes: cuchillos finos como bisturíes, escalpelos, tijeras, forceps… hasta una silla de parto en la que una mujer se encuentra dando a luz en una posición cómoda. También se pueden ver enseres destinados a realizar trepanaciones, dando cuenta de la experticia egipcia en cuestiones médicas y quirúrgicas que no dejan de sorprendernos. Muy cerca se encuentra el Museo del cocodrilo, donde se pueden apreciar momias así como estatuas de madera y granito del muy respetado reptil.

Kom Ombo, cuyo nombre significa «Ciudad de oro», es un enclave increíble ubicado en un lugar de ensueño. El río, el sol y la imponente construcción sagrada constituyen un entorno deslumbrante del que cuesta separarse, pero debemos partir nuevamente y la próxima parada nos conduce a una isla del lago Nasser en la que se emplaza el centro de culto a la Señora de los Mil Nombres, la diosa madre de los egipcios: Isis.

El templo de Isis

Templo de IsisSituado originariamente en la isla de Filae, la construcción de la represa de Asuán fue letal para el templo dedicado tanto a Isis como a su esposo Osiris por lo que fue trasladado a la isla de Asgilkia donde se encuentra actualmente, merced a un esfuerzo conjunto de la U.N.E.S.C.O. y el gobierno egipcio en el curso de la década del ´70.

El santuario es una magnífica construcción en la que los sucesivos gobernadores ptolemaicos y romanos dejaron su impronta, ya que seducidos por el poder que emanaba de los poderosos faraones también buscaban congraciarse con la deidad. La puerta principal se encontraba custodiada por las estatuas de dos leones de granito y en las paredes, pese al daño que sufrieron cuando fue mutado en iglesia copta en el siglo VI, se pueden observar escenas de Isis amamantando a su hijo Horus que datan del siglo III a.C.

El famoso quiosco de Trajano, construido en homenaje al emperador romano cuando visitó el templo, se encuentra al borde del río sostenido por catorce espléndidas columnas de piedra arenisca, en tanto que al pequeño santuario dedicado a la diosa Hathor se accede por la puerta de Adriano y resalta la imagen del dios Bes, el rechoncho guardián del bien. Se pueden observar en el interior a diversas deidades con instrumentos musicales en sus manos, simbolizando la ejecución de melodías en este entorno privilegiado.

El templo de Isis resulta, en mi opinión, el más bello de los enclaves dedicados a los dioses debido a su emplazamiento privilegiado, a su tamaño más reducido en relación a otros santuarios y a la vibración resplandeciente que se desprende de sus paredes: la energía protectora de Isis perdura, eterna, a orillas del río Nilo.

El templo de Karnak, la reina Hatshepsut, el Valle de los Reyes

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Templo de KarnakMunidos de una «cajita feliz» para el desayuno proporcionada por el hotel debido al horario, según nos había informado risueño Miguel, somos trasladados nuevamente a fin de tomar el vuelo a Luxor antes de las 6 de la mañana. Después de cumplimentar los trámites pertinentes, que incluyen doble control de rayos X y de pasaportes antes de ingresar tanto al aeropuerto como a la puerta de embarque, en poco más de una hora aterrizamos en nuestro nuevo destino.

Aquí nos recibe el amable Mohamed, nuestro guía hasta que concluya en la ciudad de Asuán el viaje en barco por el Nilo. Antes de abordar el pequeño crucero Amarco I visitamos el templo de Karnak, dedicado al dios Amón y su familia, compuesta por su esposa Nut identificada con la luna y su hijo Jonsu el viajero. Se remonta al siglo XXII a. C. y constituye un complejo que era tanto recinto sagrado como espacio dedicado al desarrollo intelectual, siempre teniendo a la vista a Amón en su triple aspecto de escarabajo, sol luminoso y animal mítico o ser humano, por ello a la entrada se pueden observar impresionantes esfinges alineadas de animales con cuerpo de león y cabeza de carnero que representaban a la deidad.

El templo tiene varias construcciones porque los sucesivos faraones, cada uno con una impronta personal, expresaban su devoción al dios, así que las estructuras sufrieron modificaciones y restauraciones y cuanto más se ingresa al lugar, más antiguas resultan las construcciones. Las columnas que miden cerca de 20 metros y pesan varias toneladas custodian las sucesivas salas y el recinto de Amón; se puede ver una estatua colosal del siempre presente Ramsés II y su esposa nubia Nefertari, así como obeliscos de Tutmosis II y de la reina Hatshepsut.

Hay columnas esculpidas con la flor de loto y el papiro, plantas sagradas del Alto y Bajo Egipto, así como un lago sagrado al que eran conducidas todos los días las aves acuáticas a través de un túnel que comunicaba el corral con el agua. La Avenida de las Esfinges, casi tres kilómetros de largo, comunica con el templo de Luxor, construido por Amenhotep III para trasladar cada año en verano las estatuas del dios y su familia en barcas por el Nilo junto con el faraón a fin de recibir la nueva estación, en una festividad que traslucía la importancia otorgada por los antiguos egipcios a la solar deidad que aseguraba la vida y la fertilidad. Al regreso, la Avenida de las Esfinges  conducía por tierra a la familia sagrada de regreso al hogar.

Karnak resulta un templo impresionante tanto por su extensión como por la enorme dimensión de las estatuas que alberga. La riqueza histórica contenida en el cincelado de sus paredes así como las sucesivas salas dan una somera idea al visitante del poderío de los faraones, quienes pese a su posición privilegiada rivalizaron para ofrecer al poderoso Amón más y mejores ofrendas que su antecesor inmediato, a fin de asegurarse la retribución que esperaban de él: nada menos que la vida eterna.

La reina Hatshepsut

Templo de HatshepsutEntre tantos hombres que gobernaron Egipto destaca una mujer que se mantuvo durante 20 años en el poder, que vestía de hombre para que su autoridad no fuera cuestionada y que cosechó tanto la admiración del pueblo así como el odio de sus parientes cercanos: Hatshepsut. El templo de la reina, una formidable construcción denominada por la mismísima soberana Djeser Djeseru (El sagrado de los sagrados) estaba destinado al culto de Amón Ra al que rindió tributo; su tumba, en cambio, se encuentra en el cercano Valle de los Reyes.

Hatshepsut gobernó el imperio egipcio a partir del temprano fallecimiento de su cónyuge, el faraón Tutmosis II. El sucesor era Tutmosis III, hijo de otra esposa del occiso, quien fue desplazado por la audaz soberana que no dudó en vestir a la usanza masculina como una manera de acentuar su determinación y derecho al gobierno. A partir de su fallecimiento, su odiado hijastro intentó por todos los medios que el pueblo olvidara a Hatshepsut procurando eliminar todo rastro de la reina, por ende algunas de sus imágenes fueron dañadas adrede ya en aquellos tiempos.

Las tres terrazas escalonadas del templo de Hatshepsut se estructuran como balcones y en sus diversas columnas narran desde el nacimiento y origen divino de la reina así como las expediciones emprendidas hacia el sur de África; la tercera entre las terrazas contiene un santuario de Amón esculpido en la roca, precedido por un pórtico de granito rosado. Al otro lado de la colina donde se emplaza esta magnífica obra arquitectónica se encuentra el espectacular Valle de los Reyes.

El Valle de los Reyes

Valle de los ReyesEl objetivo de asegurar la vida eterna tenía como correlato encontrar un lugar en el que la momia del faraón pudiera descansar en absoluta paz, sin que los posibles saqueadores se apoderaran de los tesoros cuantiosos que constituían el ajuar del difunto. Las tumbas de los faraones del Imperio Nuevo eran intrincadas construcciones talladas en la montaña debido a que las pirámides no fueron suficientes para evitar, pese a tantas precauciones, que las riquezas que acompañaban a los faraones del Imperio Antiguo quedaran a salvo de los depredadores.

Aún cuando tampoco el desierto y la arena obraron como factor disuasivo y los saqueadores cumplieron en muchos casos su cometido, las 62 tumbas del Valle de los Reyes configuran un cementerio que asombra tanto por su intrincada arquitectura como por la riqueza de las pinturas que aún se conservan en las paredes, tendientes a guiar según el Libro de los Muertos al faraón en su camino hacia la otra vida.

Debido a la multitud de personas que visitan a diario el complejo la apertura de las tumbas va rotando; en nuestro caso pudimos visitar las cámaras mortuorias de Ramsés IV, Merenptah y la profunda morada de Horemheb, quien accedió al trono como militar y murió como faraón, asegurándose para su tránsito eterno una increíble galería subterránea cuya profundidad resulta disuasiva, así que pudimos transitar relativamente cómodos una vez superadas las larguísimas escaleras.

Mientras nos encontrábamos en Egipto se anunció la posibilidad de explorar, finalmente, la pared de la famosa tumba de Tutankamón que guardaría en una cámara posterior la momia y el ajuar funerario de su bella esposa Nefertiti: el Valle de los Reyes sigue guardando secretos que el paso del tiempo, aún, no ha logrado descifrar.

En El Cairo, el Museo Egipcio, la Ciudadela de Saladino

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Mena HouseDespués de un primer tramo entre Madrid y Estambul y un largo intermedio en el aeropuerto Kemal Ataturk, arribamos finalmente a El Cairo cerca de las tres de la madrugada. Entre los carteles escritos en árabe y el sonido de un idioma ininteligible a nuestros oídos, avistamos a Omar con un papel en las manos aguardando nuestra llegada, quien nos acompaña a hacer el visado de ingreso así como a concluir el trámite migratorio e interviene cuando uno de los guardias de seguridad le pregunta a Juan acerca del motivo del viaje y tiempo de estadía en el país: se agradece su presencia.

Finalmente aquí estamos camino del hotel hacia la cercana Giza, no sólo con Omar y el chofer sino también con Miguel, que habla español y nos explica detalladamente el itinerario de nuestra estadía, los traslados y visitas, los monumentos históricos que visitaremos y más detalles que ya casi no puedo escuchar: los cambios de horarios, las comidas distintas y los sucesivos vuelos empiezan a hacer mella en mi organismo acostumbrado a rutinas sanas. Tengo claro que esta noche también dormiremos muy poco, porque falta casi nada para amanecer y a las 9.30 horas, nos advierte sonriente Miguel, nos pasarán a buscar.

Estamos en el hotel Mena House, un enorme edificio emplazado entre jardines que otrora fue palacio de verano del rey, luego mutó en hospital de campaña durante la guerra y hoy recibe a huéspedes ansiosos como nosotros por contemplar a la hora del desayuno las pirámides que se encuentran ahí cerca, casi al alcance de la mano. Y es que el motivo de la construcción en Giza fue su lejanía de la capital que luego, como toda megápolis, creció hasta casi fusionarse con las localidades cercanas, así como su ubicación privilegiada desde la que se avistan los triangulares monumentos.

Estamos lejos del centro pero no del caos de esta ciudad signada por el río Nilo que cuenta con más de 20.000.000 de habitantes, en la que el tránsito hace gala de un desorden con lógica propia y los edificios son en su mayoría de un uniforme tono ladrillo, debido a que no se revocan por el costo y porque tributan menos impuestos cuanto más desmejorada luce la fachada. Hay signos occidentales que resultan extraños acompañados de la escritura árabe: Coca Cola o Mc Donald´s se anuncian en grandes carteles que parecen fuera de lugar cuando simultáneamente se observa alguna cairota cubierta de pies a cabeza por largas vestimentas negras y se escucha la voz del muecín llamando a rezar.

Egipto ha pasado por guerras, revoluciones y conquistas: la independencia perdida con Alejandro Magno en el siglo IV a.C. recién fue recuperada con el presidente Gamal Abder Nasser en la década del ´50. La última revuelta, en el cercano 2011, desalojó del poder al entonces poderoso Hosni Mubarak debido a las 3.000.000 de personas que se lanzaron a las calles durante la llamada primavera árabe. Después de un período de transición militar se llevaron a cabo elecciones y hoy el régimen de gobierno es constitucional; aparentemente la población se encuentra satisfecha con el presidente actual.

No obstante, se respira un aire de controles policiales y seguridad extrema debido a los ataques terroristas que redujeron notablemente el turismo de 14.000.000 de visitantes a los 4.000.000 actuales, así como al momento crucial que está viviendo este mundo convulsionado. Los requisitos en el hotel imponen inspecciones con perros entrenados a cualquier transporte, cinta de rayos X en el ingreso al lobby y custodios en cada piso que deambulan sin disimulo entre los turistas. En algún momento estos extremos pueden resultar agobiantes así como la institución de la propina, una práctica que obliga a tener a mano dinero de manera permanente para satisfacer cualquier servicio, por pequeño que sea; me he encontrado en un baño sólo para lavarme las manos antes de almorzar y la mujer que lo cuidaba se precipitó a abrir la canilla para reclamar luego por el gesto su billete…. Pero son pautas que hay que tolerar para disfrutar de los tesoros antiquísimos que guarda Egipto e, impertérritos, han desafiado al tiempo y a los hombres desde el desdén que impone su milenaria presencia.

Museo Egipcio

Museo EgipcioAhmed se llama el guía que nos acompaña al Museo Egipcio, un edificio que resulta impresionante por la riqueza histórica que guarda pese a que su superficie ya no resulta adecuada por la cantidad de piezas que posee y porque aunque es imponente se encuentra visiblemente deteriorado. El proyecto para el traslado del patrimonio cultural a un lugar nuevo está en marcha pero su inauguración fue pospuesta una y otra vez; parece que en 2017 estará concluido el emplazamiento futuro. Tampoco cuenta con tienda de recuerdos, imprescindible en cualquier museo, porque fue saqueada en 2011 con una pérdida económica enorme debido a la cantidad de joyas de oro y piedras preciosas que se encontraban a la venta, imitaciones de lujo de las exhibidas en el interior.

El Museo cuenta con una colección increíble en sus dos plantas pero quien atrae más visitantes es el faraón niño Tutankamón, que gobernó Egipto desde los 8 hasta los 19 años de edad y falleció sin descendencia. La colección de objetos encontrados en la tumba famosa que descubriera el arqueólogo Howard Carter en el Valle de los Reyes incluye la máscara mortuoria de oro con incrustaciones de lapislázuli, turquesas y coralina. Todo el ajuar, tronos, camas, sarcófagos de madera recubierta de oro, joyas y hasta maquetas de los barcos con los que se trasladaba se encuentran allí, dando cuenta del poder y la riqueza que el joven faraón, como corresponde a un buen egipcio de su época, imaginó perpetuos: la bellísima urna tallada que registra la fotografía tenía por único objeto depositar sus vísceras extraídas en el proceso de momificación.

Consecuentes con el dios Osiris a quien rendían tributo, que había sido resucitado por los buenos oficios de su esposa Isis, los egipcios creían en la posibilidad de retorno a la vida siempre que la persona hubiera guardado un comportamiento adecuado, pero también dependía el muerto de las plegarias y de la pericia de los sacerdotes que aquí se quedaban un tiempo más. El rito de la momificación para mantener bien conservado al difunto así como el entierro con sus bienes, adunado a las oraciones, permitía alcanzar la vida eterna simbolizada en el ahnk.

No sólo los nobles gozaban de esta deferencia: los animales eran tótems sagrados ya que varios de ellos representaban a alguno de los dioses, en consecuencia se momificaban gatos, monos, aves, que pueden observarse en una de las salas del museo. La cuidadosa evisceración del animal se cumplimentaba con la misma dedicación que la de los faraones, cuyas momias también se encuentran en una sala especial: Set I, Tutmosis IV y el sempiterno Ramsés II con su esposa nubia Nefertari. Este último es una presencia omnipresente en el museo ya que su impresionante estatua preside la sala de ingreso junto a la única pieza que no resulta original: la Tabla Rosetta sólo es una buena copia de la reveladora antigüedad cuyo original se encuentra en el Museo Británico.

Claro que no alcanza una mañana para recorrer la totalidad de la superficie, aprender acerca de la vida de los egipcios, empaparse del rol que cumplían el papiro y el loto que se encuentran en los jardines de la entrada y tenían carácter de plantas sagradas… Conviene haberse informado previamente respecto de los períodos comprendidos ya que el museo abarca desde el Imperio Antiguo hasta la época romana, para disfrutar sin que el exceso de nueva información perturbe el paseo.

Nos vamos habiendo aprendido algo más acerca de esta fascinante civilización y con una buena colección de fotografías; después de almorzar le pregunto a Ahmed acerca de las esencias egipcias que abastecen el mundo de los perfumes y en un soñado sitio pleno de fragancias adquiero, entre otras, esencia de flor de loto: el amable vendedor me regala un incensario y varios frascos tallados que atesoro como recuerdo.

La Ciudadela de Saladino

Ciudadela de SaladinoSalah ad Din construyó la fortificación en el año 1176 en un lugar estratégico, desde el que la vista panorámica le permitía controlar la posible llegada de los cruzados. Desde entonces fue residencia de los sucesivos reyes durante 700 años hasta que el sultán al Nasir ordenó la demolición de la mayoría de los edificios, conservando solamente las murallas originales y la mezquita.

El siglo XIX también fue pródigo en destrucción con la Ciudadela, ya que Mohamed Alí quería su propio templo y necesitaba espacio para construir una mezquita similar a la situada en Sultanhamed en Estambul, famosa esta última por su color azul. La nueva estructura religiosa de Alí es conocida como la Mezquita de alabastro por haberse empleado dicha piedra en su composición, lo que la dota de un color blanco tiza peculiar. Posee un reloj en el patio que nunca funcionó, regalo del rey Luis Felipe de Francia a cambio del obelisco que París luce en la plaza de la Concorde.

Los edificios se encuentran en reparación y el estado de abandono al que fueron sometidos se aprecia a simple vista, habiéndose emprendido una obra de sostén y restauración de las estructuras. La visita a la mezquita es interesante porque se encuentra en estado original a excepción de las lámparas que se han sustituido por otras de vidrio común; en su interior ha sido emplazada la tumba de Alí.

Sin perjuicio de lo expuesto, la Ciudadela de Saladino resulta imprescindible por su valor: la fotografía refleja belleza de la mezquita de alabastro, custodiada por la muralla que Saladino ordenó construir casi novecientos años atrás. Como todas las que ilustran esta entrada, resulta mérito exclusivo de Juan.

Pinceladas madrileñas, la Cripta de la Almudena, el templo de Debod

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Chocolatería San GinésUna tarde y un día: la tiranía del tiempo nos impone en esta ocasión una exigua estadía en Madrid. Esta certeza remueve cualquier cansancio devenido del largo trayecto recorrido desde que partimos de nuestra ciudad, así que las 24 horas totales que insume el viaje se diluyen en el ansia por sumergirnos en nuestras queridas calles castizas.

Estamos en el Hotel Palacio San Martín y bajamos despacio bordeando el Monasterio de las Descalzas Reales hasta llegar a la calle del Arenal. Es jueves santo y el feriado se nota en la multitud despreocupada que deambula sin prisa, o disfruta de la tarde soleada en las terrazas de los innumerables comercios gastronómicos con que cuenta esta ciudad.

El pasadizo de San Ginés comienza en el puesto de libros adosado al muro de la iglesia dedicada al santo y concluye en la plaza del mismo nombre, que coincide con la fachada lateral. Sólo 60 metros mide este encantador pasaje, pero cuenta con una librería fundada hace más de 300 años en la que se pueden encontrar ejemplares descatalogados y clásicos, así como algún texto antiguo de segunda mano. Y luego de un breve trayecto encontramos una larga de fila de personas armadas de paciencia para degustar chocolate con churros en la chocolatería San Ginés, fundada allá por el año 1894.

El Teatro Real se encuentra ahí nomás y nos tienta la fachada que anuncia Parsifal o la posibilidad de una visita guiada pero el feriado se impone, así que optamos por una elección gastronómica y la terraza de la Taberna Real nos recibe para degustar aceitunas, pincho de tortilla, tostas de salmón y boquerones y anchoas: todo un festín con sabor español mientras nos dedicamos a observar y disfrutar la ciudad. Al caer la noche vamos retornando despacio y damos una última vuelta por el pasadizo, que aún conserva las mesas plenas de personas aficionadas al dulce sabor del chocolate.

La Cripta de la Almudena

Cripta de la AlmudenaLa primera piedra de la espectacular catedral madrileña de Santa María la Real de la Almudena fue colocada en el año 1883 y corresponde a su cripta de estilo neorrománico, que recién se abrió a los fieles en 1911. Para acceder a esta hermosa construcción hay que salir del templo principal y dirigirse a la calle Mayor: el visitante se encontrará ante una profusión de columnas, más de 400, que sostienen el formato tradicional de cruz latina.

La cripta tuvo en principio un objetivo primordial debido a la temprana muerte de María de las Mercedes de Orleans, primera esposa del rey Alfonso XII y ferviente propulsora de la construcción de la iglesia de la Virgen de la Almudena: enterrar entre paredes santas a la reina. Aunque recién en el año 2000 se cumplió con la voluntad de Alfonso ya que su consorte fue enterrada en El Escorial hasta que trasladaron sus restos más de cien años después, las familias nobles primero y las burguesas después imitaron el deseo del rey y la cripta oficia también de cementerio: hay diez panteones privados y se impone moderar los pasos para no pisar las flores y evitar que el eco potencie el roce de las anillas de las losas de las tumbas, ya que algunas se encuentran a ras del suelo.

Cuenta con dos joyas antiguas para admirar antes de sentarse en uno de los bancos y contemplar la estructura que remonta a una iglesia medieval: una pintura de la Virgen de la Flor de Lis inspirada en la reina Constanza, esposa de Alfonso VI, y una talla de madera policromada del Cristo del Buen Camino, originaria del siglo XVIII.

El templo de Debod

Templo de DebodPara comenzar a palpitar el clima egipcio visitamos el Templo de Debod, enclavado en el Parque del Oeste desde su inauguración en el año 1972, luego de la cesión realizada por Egipto a España debido a la colaboración prestada por el comité español en el salvamento de los templos que quedaron bajo las aguas, debido a la construcción de la represa de Asuán.

Se calcula su antigüedad en 2200 años y estaba situado en la ciudad homónima a orillas del río Nilo, dedicado a las divinidades Amón e Isis. Los relieves policromados que se encontraban en su interior se vieron afectados por la represa desde el año 1907 porque la construcción, como otros templos nubios, permanecía más de nueve meses bajo el agua. Luego de ser desmontado fue trasladado a Alejandría, desde donde se embarcaron las cajas conteniendo los bloques primero al puerto de Valencia y luego una flota de camiones acarreó las antiguas piedras hasta Madrid.

Dicen que el mejor momento para visitarlo es el atardecer, cuando la luz menguante del sol lo va rodeando como un entorno mágico. Así parece, habida cuenta del paisaje que refleja la fotografía que, como todas las que ilustran esta entrada, resulta mérito exclusivo de Juan.

Ptolomeo y el mandala, muestra FAN, rumbo a Madrid

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PtolomeoDesde el blog Fotografía Rocío PH su autora, apasionada por el lente de la cámara, ha lanzado un concurso de fotos con un tema excluyente: los animales. Una propuesta que ha disparado la pronta respuesta de varios amantes de estos seres adorables ya sea como integrantes de la familia o en puro estado de naturaleza, como se puede observar al visitar a Rocío en su hogar virtual.

En mi caso la participación sería conjunta, por cuanto la fotografía elegida para el concurso resulta mérito exclusivo de Juan y fue tomada en nuestra casa mientras Ptolomeo, nuestro queridísimo gato, contempla absorto el mandala que obra de tutor de las plantas del patio trasero.

Como toda familia consideramos a nuestros gatos seres extraordinarios y únicos, en particular a este amoroso ejemplar que hace cuatro años llegó a nuestra vida en pésimo estado de salud con una edad estimada por el veterinario en dos meses. El tiempo y el amor curaron el miedo que sentía ante cualquier contacto humano; hoy es un enorme felino que ama las caricias, me acompaña en la meditación y, como buen místico, se embelesa ante estas representaciones espirituales del cosmos.

Muestra FAN en el MAR

SpinettaDel inglés fanatic proviene el vocable fan, empleado como adjetivo calificativo respecto de aquellos seguidores o admiradores de quienes fueron tocados por el soplo de las musas. El rock ha sido prolífico en mi país respecto de estas figuras que han adquirido en algunos casos carácter mítico: Charly García, Luis Alberto Spinetta, Gustavo Ceratti, Iván Noble, María Gabriela Epumer, Fabiana Cantilo son sólo algunos de los artistas que fueron inmortalizados por la cámara de Nora Lezano.

Nora Lezano es fotógrafa, pero en su caso la sola mención de la profesión no es suficiente: ella es quien ha fotografiado a los músicos más importantes del rock, los que han dejado su impronta en las últimas generaciones. Tal vez aquel día lejano en que su imagen de niña quedó plasmada en una revista mientras el grupo Menudo agitaba los corazones de sus simpatizantes, Nora imaginó eternizar con su cámara a aquellos ídolos indiscutidos para sus fervorosos admiradores.

Desde su propio lugar de fan ha acumulado cartas, notas escritas a mano, discos, así como detalles, miradas y gestos que delatan la emoción indescriptible que se siente al contemplar en vivo al artista de nuestros sueños. Y así fue retratando, con absoluta intensidad, hasta que su trabajo comenzó a formar parte no sólo de la fotografía, sino del universo en sí mismo del rock.

La exposición, con más de 300 imágenes, se puede disfrutar en el Museo de Arte Contemporáneo de la ciudad. La fotografía es sólo una muestra: Luis Alberto Spinetta despliega su irresistible sonrisa ante la cámara prodigiosa de Nora Lezano.

Rumbo a Madrid

NutriganicsEl tiempo se desplaza, implacable, y aquello que parecía lejano se encuentra aquí, a la vuelta de la noche. Otra vez llega el momento de partir hacia nuevos lugares, a las inmensas posibilidades que propone este bendito planeta. En este caso los destinos  elegidos son tan inconmensurables como atractivos: Egipto y Jordania.

Sin embargo, antes de embarcarnos en las aventuras que nos esperan en tierras remotas, se impone una breve estadía en la muy castiza Madrid para reencontrarnos con la impronta altiva de la española capital.

Y a la hora de armar el equipaje, los pequeños tamaños resultan aliados para aligerar peso y paso en las travesías a recorrer. A fin de resguardar la piel del rostro de las diversidades climáticas la lína Nutriganics de The Body Shop, con sus medidas mínimas, aduna a la practicidad la efectividad: limpiador y tónico aptos para todo tipo de piel que prometen limpieza y suavidad con el empleo diario.

San Patricio y la serpiente, chicas de Divito, hotel San Marco

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SerpienteLa noche se tiñe de verde y el aroma de la cerveza domina el aire cada 17 de marzo, día de la muerte del santo patrono de Irlanda, el célebre San Patricio. Cuatro días de desfiles y fiesta que se expanden desde Dublín al mundo para conmemorar al sacerdote católico que falleció en el año 461 después de haber enseñado a los isleños celtas a destilar cerveza, reconocer a la Santísima Trinidad empleando un trébol y, misteriosamente, espantar de la isla a la rastrera serpiente, extraña circunstancia dado que el ofidio no tenía arraigo en suelo irlandés.

La historia oficial es pródiga en alabanzas respecto de Patricio, nacido en Bretaña en el año 400, hijo de ciudadanos romanos con progenitor de rango funcional que le habría asegurado una infancia acomodada. Parece que fue raptado por los celtas cuando contaba con 16 años y trasladado a Irlanda como esclavo, donde se habría familiarizado con la cultura y el rol sacerdotal de los druidas. Un sueño revelador le habría permitido escapar seis años después y retornar a Bretaña.

En Francia cursó estudios religiosos, pero su fe lo impulsó a retornar a Irlanda para convertir al catolicismo a los rebeldes paganos celtas. Su primer objetivo fue encontrar al druida Milchu, quien lo había hecho prisionero, sin afán de venganza sino para lograr que abrazara la nueva fe; sin embargo, el celta se habría suicidado al tomar conocimiento del retorno de Patricio, quien se habría sentido desolado por esta circunstancia. A partir de este momento el santo habría logrado la expulsión del ofidio luego de la ardua empresa de la cristianización.

Claro que la edulcorada versión no incluye los métodos poco ortodoxos de los que se habría valido Patricio para consumar su objetivo, entre ellos la quema de 180 libros sagrados de los druidas convirtiendo en cenizas los saberes ancestrales de los habitantes originarios de Irlanda. Aquellos sabios, como pueblo antiguo, tributaban a la simbología serpentina en tanto representante de la Triple Diosa: Tiamat en Babilonia, Ofión para los griegos, Nagua en China, la Huayrapuca calchaquí, Itzcóatl, la serpiente de obsidiana, la tentadora habitante del Edén… Aquí y allá la sierpe se erigía, ondulante, hasta que el patriarcado escindió la matrística lunar en aras de una dominación solar masculina.

Birgit, la flecha flamígera de Irlanda que conjugaba la energía de Imbolc, era la patrona de los druidas y la Triple Diosa en su aspecto de doncella: cisne y serpiente eran sus animales sagrados, la última contenida en el cuello del primero. Cuando por obra y gracia de San Patricio la indómita Birgit mutó en Santa Brígida, el templo de Kildare que le estaba consagrado fue reconvertido en monasterio pero el fuego sagrado que la representaba se mantuvo vivo hasta el siglo XIII, cuando Enrique VIII produjo la escisión protestante y el convento fue clausurado.

Sin embargo, el 2 de febrero de 1996 se volvió a encender la llama que aquellos druidas mantenían siempre viva en homenaje a la adorada Birgit por obra de una monja devota de Santa Brígida, hoy venerada como patrona del país: quizás San Patricio no logró finalmente su cometido, la serpiente sólo ha cambiado de piel y aún pervive, eterna, en la verde Irlanda.

Chicas de Divito

Chicas de DivitoJosé Antonio Guillermo Divito, oriundo de Buenos Aires, despuntó el gusto por el dibujo cuando contaba 18 años, allá por 1932. Al principio sus personajes creados en tinta y técnicas mixtas poblaron revistas y periódicos de la época, pero el éxito que alcanzara con sus célebres mujeres, conocidas como chicas de Divito, lo impulsó a lanzar su propia publicación: Rico Tipo fue un éxito en 1944 y su tirada alcanzó los 350.000 ejemplares semanales.

A partir de ese momento los personajes creados por la imaginación desbordante de Divito reflejaron estereotipos y comportamientos sociales: Dr. Merengue, Fúlmine, Pochita Morfoni y las despampanantes chicas se convirtieron en compañeros cotidianos de la vida de varias generaciones. La temprana muerte física del autor en Brasil en el año 1969 determinó el cierre de la revista en 1972; sus creaciones perduran hasta la fecha y adquirieron el carácter de clásicos.

En el Centro Cultural Estación Terminal Sur se puede visitar la muestra Chicas de Divito, dibujos publicados en la revista Rico Tipo entre los años 1945 y 1969. Las increíbles mujeres de curvas despampanantes representan el sueño de los hombres de los años ´50, pero no sólo los ojos enormes y las piernas largas son atributos de las chicas de Divito, porque los diálogos entre ellas reflejan la crítica del autor respecto del lugar atribuído a la mujer y las convenciones sociales a las que debían someterse.

Punzante, desprejuiciado e incisivo, Divito fue un precursor y sus personajes constituyen un desafío a las rígidas pautas de la época. En abierta transgresión al carácter cuasi sacro con que las mujeres debían concebir el matrimonio, el diálogo que acompaña a la fotografía resulta sólo una muestra: «Dicen que la verdadera razón por la que un esposo tiene una sola esposa, es porque ningún hombre puede servir a dos amos».

Hotel San Marco

Hotel San MarcoHay ciudades que por alguna razón nos resultan inaccesibles, enclaves que escapan a nuestra aprehensión aunque retornemos una y otra vez. En mi caso la ciudad de La Plata está incluída en esa categoría: la impronta laboral que resulta la razón del viaje impide palpitar su ritmo más allá de un vuelo rasante y apresurado.

Esta semana el calor tardío hizo sentir sus efectos y La Plata nos recibió por la tarde con más de 30 grados, una cubierta densa y soleada que resulta agobiante para quienes arribamos desde la costa marina. Unas pocas horas para dar alguna vuelta por los lugares conocidos: el Pasaje Rodrigo con las vidrieras exhibiendo inverosímil moda invernal, los bares rebosantes de la calle 7, la fachada clásica de la cervecería Modelo.

Y un temprano retorno al hotel para descansar antes de la jornada de trabajo que se avecina, un largo día de reuniones en edificios públicos que agradecen el respiro artificial del aire acondicionado. Una vez más el hotel San Marco me espera con la amabilidad de su personal, habitaciones cómodas, desayuno variado y un conjunto de amenities en el cuarto de baño: se agradece la deferencia.

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